Dicen que no te das cuenta de las cosas que tienes hasta que dejas de tenerlas, si bien esto es muy cierto hay algunas cosas que las puedes tener y aun teniéndolas es como si no estuvieran, pero están ahí y su presencia se nota.
Sé que la moraleja viene al final, pero como es verano y no creo que nadie quiera leer demasiado empiezo por el final, final sencillo y previsible pero que aún esperado una y otra vez se llega a él.
La moraleja, no compres vehículos de ocasión en paginas de segunda mano.
Todo tiene un principio.
Allá por el 2016 llevado por una fuerza irresistible quise tener un vehículo pequeño, divertido, económico, vivía por aquel entonces aun más lejos de Madrid, ahora vivo no tan lejos.
En aquel momento me pareció buena idea hacerme con un vehículo que fuera mas que utilitario, seria el coche de ir y venir al trabajo, los cortos viajes de fin de semana, un vehículo solo para dos.
Como el Destino siempre concede lo que pides, pero a su forma, no a la tuya, apareció en una web de segunda mano el vehículo soñado.
Delante de mí apareció un Smart.
Para el que no sepa mucho de estos coches es un biplaza, que en su momento era de motor de combustión y de bajo consumo, ahora son todos eléctricos.
Aún recuerdo sus líneas nada suaves, pero de una curiosa estética.
Regordete pero pequeño, amplio a la vez que escueto, un canto a lo simple.
Tras todo eso y más verborrea autocomplaciente, de una manera u otra yo quería ese vehículo, quedé con un fulano, presunto propietario del mismo, aun me acuerdo de su fuerte olor a Azufre y como Julio, Vini, Vidi… comprado.
La suma no fue elevada, depende de quien haga el gasto, evidente, pero se llevo la broma unos tres mil euros de aquella época.
Todo era gozo y no había lugar para el pozo.
Tras un mes, dos, creo recordar, además era verano, como ahora, solo me acuerdo que fui a recoger a mi hijo, en aquel entonces y por el convenio de divorcio pasaba parte de los meses de verano.
Cuando el chaval vio aquel vehículo su cara fue un poema.
Mezcla de pavor y espanto, dado que tenia que subirse al invento ese.
Tras una breve presentación, venta de las excelencias de los coches pequeños, otra de pasión porque era el primer coche de segunda mano que compraba y que me parecía un chollo, empezó el viaje de ochenta kilómetros.
Hago intentos por traer aquí las sensaciones, pero la única que me llega es una asociación de un pitido y una luz que jamás había visto aparecer en otros de mis vehículos, fallo de motor y exceso de calor, el coche casi ardía.
Si recuerdo ese intenso calor de verano, agosto, el olor a quemado que salía del motor del coche y la cara del chaval que no sabia si era susto o una tremenda satisfacción de un “ya te lo dije”.
Tal vez era yo el único convencido de que el cochecillo era una maravilla, pero la realidad estaba ahí, pito sonoro que acuchillaba mis oídos.
Ahora que ya he vivido la experiencia que narro y otras que luego contaré, el calentón de un vehículo solo me hace pensar si puedo llegar a una gasolinera, comprar liquido refrigerante y esperar a poder echarlo.
La experiencia es un grado, pero no sirve para no caer de nuevo en el error.
Días de mecánica, noches de insomnio y el cochecillo al taller, disfrutando de unas vacaciones, veredicto de los sabias mecánicos, fallo de motor, lo puedes tirar y vender por piezas.
Sin embargo la naturaleza nos ha dotado de una gran cualidad, el apego. Ni dos meses tenia ese coche conmigo y parecía ser un tesoro.
El apego a las cosas es malo, muy malo, pero el coche me miraba desde el taller con faros tiernos.
Por aquel entonces mi total desprecio al dinero me hizo cambiar el motor del cochecillo, cinco días le dimos de mas vida.
Ahora si que se a ciencia cierta que me timaron en el taller, dado que tras pagar un cambio de motor volvía a dar el mismo fallo.
Para no recrearme en mi dolor, seis mil euros de broma por la compra de algo de segunda mano.
Si, el anterior propietario en paradero desconocido.
Una vuelta más de tuerca, tuerca…
Tras este episodio y en una buena temporada mi interés por las cosas de segunda mano desapareció, pero como de una asignatura que te queda ahí pendiente volvió a mi vida la compra de otro vehículo de segunda mano, no uno si no dos.
De nuevo el baile del vendedor, al que aunque le confesara que quería el coche para el chaval, ahora ya mayor de edad y que no quería problema alguno de mecánica.
Datos y más datos, el coche ha pasado por todos los controles, itv y yo que sé más, estado del vehículo, perfecto, viejo pero perfecto.
Como causa solidaria, yo estoy mayor, decidí darle una oportunidad al coche y ante un precio de venta tan irrisorio, novecientos euros, compré para el chaval la máquina.
No voy a decir que mientras el coche no fue a taller alguno, dos semanas, me dio mas de una alegría, la cara de gratitud del chaval por tener coche para su uso.
Encontrar un canal de expertos y entre ellos una buena persona que me ayudo a hacer una reparaciones, pero, siempre aparece un pero.
En un viaje para ir a no sé qué, el coche empieza perder liquido refrigerante, uf.
Como si una bofetada de tiempo me ocurriera me vi de nuevo con el mismo problema, coche de segunda mano y posible reparación.
Hoy escribo porque la reparación del coche ya va por mil euros y sigue en el taller.
Se que no me vais a hacer caso, pero hacer caso al Destino, tal vez tendría que dejar de mirar la segunda mano.
El Destino te da lo que pides, pero a su manera.
Pd. Compre otro coche al mismo tiempo, también segunda mano, esta en un taller, adivina que es lo que le ha fallado….






