Haciendo malabares en el aire, los negocios que no están en ningún lugar.

La magia de lo virtual.

Hoy me sorprendí con una letra de una canción, en un resumen rapidísimo de esta, creo que las palabras claves eran: “como un equilibrista haciendo lo imposible para no caer, en manos de la gravedad”

A parte de hacerme pensar en una linea existencial, comenzada hace ya un tiempo atrás, me hizo pensar en esta serie de pequeños escritos sobre tipos de negocios que están y no están.

Si habíamos comenzado por el repaso a los negocios en pijama y en zapatillas, vi su actualización siguiendo con el ejemplo de la abuela de la compota visita el multiverso.

Sinceramente todos ellos se mueven en un entorno de juegos malabares, en un escenario que parece tan imposible.

Estar o no estar empieza a ser una decisión desde el primer momento para saber que va a ser de nuestro plan de llegar a tener unos ingresos que nos permitan vivir, olvido la palabra sobrevivir que es lo que se está transformando el mundo actual.

No son pocos los que quieren empezar una actividad, digamos autónomo y no son tampoco los pocos que llegado a un punto su actividad termina siendo imposible por sufrir la muerte civil, deudas, ingreso en ficheros de morosidad, embargo de todo lo que creían tener.

Es por ello por lo que quien quiere continuar tiene que decidir pasarse al entorno virtual, el ser sin estar.

La elección del lugar virtual.

La elección del mundo virtual no es sencilla. Aunque parezca que la misma trae una independencia es ficticia dado que se comienza otro tipo de dependencia, comunicaciones, herramientas informáticas, máquinas, el cambio de lo físico a lo virtual no es ni fácil ni rápido y creo por mi experiencia que cada vez es más difícil, aunque se diga lo contrario.

En un tiempo no muy lejano la elección de donde situaba el negocio de una manera física y local marcaba una gran parte importante del mañana por venir, la importancia de la localización era crucial, sin embargo, ahora una nueva era comenzó en donde no importa lo físico, relativamente, pero lo que más importa es el entorno virtual donde nos movamos y fijemos la actividad.

El momento de la globalización ya es agua pasada, la interconexión de todo con todo y de todos con todos es un hecho palpable y que notamos en el día a día.

El mundo se ha quedado enano, todo parece que está demasiado cerca, pero a la vez demasiado lejos, la distancia parece que está a un solo Clic, pero no es tan cierto esto.

Hemos vivido la localización en un país, en una comunidad autónoma, en una ciudad y ahora vivimos la localización en un hosting u otro, siendo importante saber la localización del proveedor de servicios y de sus servidores, ya por el hecho de la legislación que pueda afectar su borrado de ip o el bloqueo del servidor por una orden semi motivada de una institución administrativa.

Ahora tenemos que añadir la localización en el Metaverso.

Mi negocio esta, pero no se localiza

Vivimos el transito de lo material a lo virtual, la digitalización.

Antes teníamos bibliotecas con libros, libros físicos, de esos que cogen polvo y amarillean las páginas, ahora nuestras bibliotecas se encuentran en dispositivos e-Reader, hay muchos de ellos y tienen acceso a librerías virtuales en donde los libros electrónicos nos esperan para su descarga.

Las mudanzas si cabe se hacen de muebles, en algún lugar tenemos que reposar, sentarnos, depositar nuestra ropa, pero el entorno virtual es creciente.

Colecciones de videos, DVD y ahora Blu-ray son cosas del pasado, tenemos miles de películas a nuestra disposición en los proveedores de streaming. Queda lejos ir al videoclub, o tener estas colecciones en nuestro poder físico, están, pero no están.

La digitalización poco a poco desposee al ser humano de lo material, la propiedad adquiere otro sentido, ahora no hay que tener en propiedad y la posesión es efímera, pero el cambio a lo inmaterial hace esclavo al ser de cuotas periódicas, si no se paga el acceso a la posesión se pierde todo.

Es curioso la venta del ideal de no tener en propiedad, pero existe una mayor dependencia del ser por lo que no está, pero está.

De ahí que los negocios cambian y evolucionan, muchos de ellos se han transformado en negocios que están, pero no se localizan en una realidad palpable.

Con esto se entiende que una gran cantidad de negocios físicos están condenados a desaparecer, desde luego en el sector servicios si.

¿Qué tipo de negocio tengo?

Ante todo, hay que saber lo que uno quiera hacer, si bien es cierto, que la opresión al emprendedor o empresario es brutal en nuestros sistemas económicos, vencido el pensamiento que uno será asaltado por cientos de entidades públicas para el pago de impuestos, tasas y otras prebendas, el acto de deslocalizarse incluso del país en donde uno habita es un hecho necesario.

 Conste que lo anterior es una necesidad para aquellos que se encuentren en una mala situación pasajera de su economía, o aquellos que entienden que compartir no es entregar todo al otro sin nada a cambio, el hecho es que cualquier ciudadano por habitar en un país paga muchos impuestos a la hora del simple hecho de consumir de ahí que la deslocalización y el ahorro de tener socios impuestos, es solo parcial.

Como anteriormente decía, hay que saber que quiere hacer uno, que vende.

Los negocios virtuales son negocios por ende de servicios, el producto ata al lugar.

¿Cómo me deslocalizo y paso a ser virtual, a todo esto, es legal?

La digitalización del negocio implica un cambio total en la forma de pensar.

Mi tienda o despacho no es físico, está en la Red.

Lo que compro y revendo ni siquiera tiene que pasar por un almacén que yo tenga en un lugar físico.

Por ello todo empieza por el hosting donde se aloja o se alojará mi tienda, todo negocio es una tienda y lo que tiene que hacer aquel que tiene un negocio es vender, vender y vender.

Todo negocio necesita de mano de obra, de ahí que es de destacar que la deslocalización progresiva virtual nos lleva a países de bajo coste laboral y competitivo, ejemplos de esto son la India, Indonesia y Brasil.

Por ello la deslocalización marca un criterio basad en cuatro criterios, el capital humano, la competitividad de los costes laborales, la infraestructura digital el clima empresarial.

Se ha articulado la frase “si se puede hacer desde casa, se puede hacer desde el extranjero”.

Lo que en un momento se basó en una deslocalización de la industria ahora ha pasado a ser una deslocalización de la estructura productiva a proveedores cercanos o de países vecinos.

Dicen que todo esto suena a una forma de ver de manera antisistema, pero sin entrar en políticas la deslocalización virtual de negocios lleva a dejar atrás el sistema fiscal tradicional, entra muy en juego el estudio legal de la misma.

De ahí que sea básico fijarse en que se hace y que se va a necesitar, pero basado en otros países vecinos.

Es de mencionar que el Tribunal de la Unión Europea fallo a favor de la deslocalización virtual de la empresa, es por ello que es ya viable que se pueda trasladar la sede social de una empresa a un país de la Unión de manera virtual. El veredicto concluye que la deslocalización virtual, una práctica asociada habitualmente a motivaciones fiscales o al dumping social, no constituye por sí misma un abuso, por lo que ningún Estado puede poner trabas a las compañías que deseen cambiar de domicilio.

Conclusión

Ser y estar puede parecer, pero no es padecer, por lo que se puede perfectamente traspasar la idea de negocio a un marco virtual, que si se conocen las ventajas de encontrarnos en diferentes lugares conllevará que el negocio sea posible.

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Juanjo Villena

Tecnólogo, experto en sistemas procesales complejos, líder empresarial y filántropo. No hay problema legal y humano que no tenga solución.

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