Se acabaron las vacaciones.
Agosto empieza a despedirse, las agendas vuelven a llenarse y septiembre aparece en el calendario con esa mezcla tan particular de nuevos proyectos, asuntos que dejamos pendientes antes del verano y procedimientos judiciales que vuelven a ponerse en marcha.
Volvemos al despacho.
Pero nuestra intención no es volver exactamente al mismo lugar en el que lo dejamos.
Porque si algo hemos defendido durante todo este tiempo es que la tecnología está cambiando la manera de analizar una causa judicial y también debería cambiar nuestra forma de prepararla.
Este nuevo curso queremos seguir avanzando en esa dirección.
Septiembre no debería comenzar corriendo. Debería comenzar pensando
La vuelta de vacaciones suele provocar siempre el mismo fenómeno.
Correos.
Notificaciones.
Señalamientos.
Reuniones.
Recursos pendientes.
Nuevos clientes.
Y de repente volvemos a encontrarnos dentro de esa maquinaria diaria que apenas deja tiempo para algo fundamental: pensar estratégicamente un asunto antes de actuar.
Precisamente por eso, septiembre puede ser un buen momento para hacer algo diferente.
Antes de presentar el siguiente escrito, preguntarnos qué puede ocurrir después.
Antes de iniciar un procedimiento, simular cómo podría evolucionar.
Antes de asumir que nuestra interpretación es la correcta, pedir a una inteligencia artificial que intente desmontarla.
Y antes de entrar en una sala de vistas, explorar qué argumentos podría utilizar quien tenemos enfrente.
Es decir: inteligencia y contrainteligencia jurídica.
Los nuevos proyectos empiezan con una pregunta: ¿qué puede salir mal?
Durante estos meses hemos hablado mucho de ficción jurídica, simulación de procedimientos, revisión de causas mediante IA y análisis Post-Mortem.
Ahora queremos dar un paso más.
Queremos convertir esas herramientas en una metodología.
Cuando llegue un nuevo asunto al despacho, no preguntarnos únicamente:
¿Qué tenemos que hacer?
Sino también:
¿Qué puede ocurrir si lo hacemos?
Parece una diferencia pequeña.
No lo es.
La primera pregunta mira el procedimiento desde el presente.
La segunda obliga a imaginar el futuro.
Y ahí aparece una de las posibilidades más interesantes de la inteligencia artificial aplicada al Derecho: crear escenarios jurídicos alternativos y someter nuestra estrategia a tensión antes de utilizarla en un procedimiento real.
Los relatos jurídicos vuelven al laboratorio
Seguiremos trabajando con uno de los conceptos centrales de este proyecto: los relatos jurídicos simulados.
Pero conviene recordar algo.
Cuando hablamos de ficción jurídica no hablamos necesariamente de literatura.
Hablamos de construir escenarios hipotéticos a partir de una situación jurídica para estudiar sus posibles consecuencias.
Tomamos unos hechos.
Incorporamos las pruebas.
Estudiamos las normas aplicables.
Construimos la posición de las diferentes partes.
Y después comenzamos a preguntar.
¿Qué argumentará el contrario?
¿Qué prueba podría cuestionar?
¿Qué interpretación alternativa existe?
¿Dónde está nuestro punto más débil?
¿Qué ocurriría si desapareciera una determinada prueba?
¿Existe alguna incidencia procesal que estamos infravalorando?
¿Estamos interpretando los documentos de una única manera cuando existe otra posible?
El objetivo no es que una máquina nos diga quién va a ganar.
Ninguna IA puede garantizar el resultado de un procedimiento judicial.
El objetivo es mucho más interesante: conseguir que la tecnología nos obligue a contemplar posibilidades que quizá nosotros no habíamos considerado.
De revisar expedientes a interrogarlos
También queremos cambiar nuestra manera de revisar las causas.
Tradicionalmente revisamos un expediente leyendo.
Ahora podemos empezar a interrogarlo.
Podemos reconstruir cronologías.
Cruzar declaraciones.
Comparar documentos.
Localizar contradicciones.
Buscar momentos procesales críticos.
Separar hechos acreditados de inferencias.
Identificar cuestiones que nunca fueron suficientemente explicadas.
Y después utilizar toda esa información para construir diferentes simulaciones.
La IA no sustituye en este proceso al abogado.
Al contrario.
Necesita al abogado más que nunca.
Porque alguien debe comprobar las fuentes, verificar la jurisprudencia, revisar la legislación, distinguir una hipótesis de un hecho acreditado y decidir qué tiene verdadera relevancia jurídica.
La máquina amplía el campo de visión.
La decisión continúa siendo humana.
Post-Mortem para aprender. Pre-Mortem para prevenir
Este nuevo curso también queremos profundizar en dos conceptos sobre los que ya hemos empezado a trabajar.
El Post-Mortem Jurídico permite analizar un procedimiento después de haber terminado.
¿Qué ocurrió?
¿Qué hicimos correctamente?
¿Dónde apareció el problema?
¿Qué señales no vimos?
¿Qué estrategia alternativa podría haberse utilizado?
Pero quizá todavía sea más interesante utilizar ese conocimiento antes del siguiente procedimiento.
Ahí aparece el Pre-Mortem Jurídico.
Imaginemos que nuestra estrategia ha fracasado.
Ahora preguntémonos:
¿Por qué?
La respuesta obliga a buscar anticipadamente nuestros puntos débiles.
Y si encontramos el problema antes de que ocurra, todavía podemos hacer algo para evitarlo.
Septiembre: nuevos asuntos, pero también nuevas herramientas
Eso es precisamente lo que queremos hacer durante este nuevo curso.
Seguir experimentando.
Seguir simulando.
Seguir desarrollando relatos jurídicos.
Seguir utilizando inteligencia artificial para revisar causas complejas.
Seguir buscando contradicciones, errores, escenarios alternativos y posibilidades que una lectura tradicional del expediente puede no revelar a primera vista.
Y, especialmente, queremos continuar explorando una idea que está en el origen de todo este proyecto:
Una causa judicial debería poder ensayarse antes de jugarse.
No conoceremos el futuro.
Pero podemos prepararnos para varios futuros posibles.
Y eso ya supone una enorme diferencia.
Volvemos al trabajo. Pero no volvemos al pasado
Las vacaciones sirven para descansar.
También sirven para tomar distancia.
Y esa distancia permite comprobar algo que durante el trabajo diario resulta mucho más difícil percibir: el Derecho está entrando en una transformación profunda.
La inteligencia artificial no resolverá todos los problemas de la Justicia.
Tampoco sustituirá el criterio profesional.
Y desde luego no convertirá un procedimiento judicial en una ecuación matemática con un resultado asegurado.
Pero puede convertirse en algo extraordinariamente valioso:
un segundo par de ojos que nunca se cansa de preguntar “¿y si…?”
Ese será nuestro punto de partida para el nuevo curso.
Nuevos casos.
Nuevos proyectos.
Nuevas simulaciones.
Nuevos relatos jurídicos.
Y una misma obsesión:
analizar antes de actuar, simular antes de arriesgar y utilizar la inteligencia artificial para llegar al procedimiento mejor preparados.
Bienvenidos de nuevo.
Empezamos.






