El Jefecillo

Llevo un tiempo que no escribía, aquí, y no será por temas que me dan vueltas en la cabeza.

Mi vida sigue en ese cambio continuo y que no sabes donde te va a llevar.

Pero hoy es mas una necesidad de contar, no una historia, más bien hacer una reflexión en voz alta.

Hace ya años, experimente una extraña fuerza que me hacia recelar de todo “ente” organizado, máxime jerarquizado y con ritos sacados y pensados por otros a los que les pagan por dificultar la vida a sus semejantes.

En tiempos de juventud con la aparejada lucha contra todo, se unía un odio casi inexplicable por unas jerarquías impuestas.

Obedecer parece un factor necesario para medrar en nuestras sociedades, pero medrar hasta un punto concreto, el permitido por los presuntos dotados de mando.

Aun recuerdo, con cierta bondad y rabia como en el colegio se insistía una y una vez más en obediencia a un sistema, clases eternas dadas por chapuzas de la educación, en esto hoy en día tampoco hemos avanzado demasiado y sigue siendo un despropósito ilustrado la educación, llega a rozar la endogamia en ciertas instituciones, pero al común de los mortales no parece interesarles el tema.

Ahora mas cercano a los cincuenta y dos años intuyo futuros distópicos en donde los ahora en formación deben llegar a dar soluciones y tiemblo pensando en esas soluciones de los que no saben nada y en nada valoran la experiencia, recomiendo una curiosa película, “la solución final” https://es.wikipedia.org/wiki/La_soluci%C3%B3n_final

Recordemos aquella famosa frase, “El pueblo que no conoce su historia esta condenado a repetirla” del filósofo George Santayana.

La filosofía del “hoy presente” calma bastante la imaginación y me recoge en un ahora constante que no llega tan lejos en el futuro ¿o sí?.

Claro hay algo que es de este hoy y ahora, los actuales “jefecillos”, los “jefes” del hoy, de esto ocupo mi mi reflexión temprana de sábado en casa.

Hay una pregunta en el aire que siempre manejo ¿vale cualquiera para hacer cualquier cosa?

Dejo un minuto de reflexión sobre esto.

Mi respuesta casi inmediata es que “no”. No todo el mundo vale para cualquier cosa, es más, las cosas más insignificantes, o que eso nos parece lleva una especial forma de hacerse y entuertos para deshacerse.

Es por ello por lo que a esta pregunta le acompaña otra ¿cualquiera puede ser “jefe”? mi respuesta es “No”.

Sin embargo, a cualquiera parece que se le puede otorgar el mando.

Es momento entonces de hacer esta reflexión que me carcome hoy.

Si cualquiera no puede ser “Jefe”, si se otorga el mando a cualquiera y que suele ser el menos cualificado ¿es buena y justa la causa de mandarlos a tomar por donde amargan los pepinos?

Como decía William Shakespeare en su obra “Enrique V”, “Ahora para nuestra conciencia, bellas son las armas, cuando se levantan por una causa justa”.  ACTO V. ESCENA II.

La “Justa Causa p causa justa” hace buena la acción, por ello llamo a la insumisión.

Es cierto que mi naturaleza siempre ha sido contraria a un mando sin razón.

La discusión de una orden en momentos de crisis y pánico total puede conllevar un efecto contrario al deseado.

“Vamos a morir todos si alguien no arregla esta situación”.

Esta última frase está muy de moda en estos días, obliga al ordenado a realizar un acto heroico y dar lo mejor de si para salvar al colectivo indefinido.

Cierto es que tampoco entiendo la “colectivización actual”, la creación de “Entes” que defiende a los individuos, pero los olvidan en defensa del mismo “Ente” y del “colectivo”, creo que esto ya es mucho lio para una mañana de sábado.

Centrando la reflexión ¿Por qué tengo que obedecer a un idiota, nada cultivado y desagradablemente imbuido de una potestad heredada?

Cierto es que en mis días vividos no he tenido muchos “jefes” así llamados y de todos ellos siempre me viene el mismo pensamiento, ladrones de tiempo.

Todos tenemos “Jefes” de una manera u otro, pero quiero llegar a un punto en que pensamos en que no hay que otorgar lo más importante que tenemos nosotros, al menos por ahora, tiempo y libertad.

Ni un solo minuto de nuestro tiempo en alguien que no aprecia tu tiempo ni lo valora.

A una orden de un idiota una respuesta igual o superior a su imbecilidad, esto nos puede llevar al caos, probablemente, terror, nos extinguimos, bueno, puede que sea el momento de la extinción porque como especie no daría nadie ni un duro en el momento actual.

Creo y termino esta breve reflexión, que todos y todas hemos dejado que los más ineptos lleguen a puestos claves, no es un tema de conjuras sino de comodidad, en el fondo todos somos vagos y preferimos que otros hagan las cosas por nosotros.

En esta comodidad se han afincado los ineptos que desarrollan su labor que parece es febril resolviendo nuestros problemas, pero ¿realmente esos problemas eran o se han creado para que sigamos necesitando al inepto?

A mi querido hijo siempre le aburro con este discurso que termina siempre en la frase:

“Si quieres que otro haga lo que tú no haces lo harán, pero eso si tal vez no te guste el resultado porque lo hará a su forma y manera y probablemente conllevará más esfuerzo por tu parte que si lo hubieras hecho tu”

Esta reflexión es fruto de mis vivencias y encuentros con “jefecillos” que aburren hasta a las ovejas.

No les intentes convencer de que eres bueno en tu trabajo, deja de trabajar para sujetos así.

Aunque no te lo parezca siempre hay otros sitos en donde hacer aquello que otros no quieren hacer, lo que te puede convertir en “jefe”. Sonrisa.

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Juanjo Villena

Tecnólogo, experto en sistemas procesales complejos, líder empresarial y filántropo. No hay problema legal y humano que no tenga solución.

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