Hace unos días asistí a ver, desde la distancia del que no tiene voz ni voto, a una reunión en donde varias mentes clarividentes tenían la extraordinaria tarea de decidir la compra de unos productos de extraordinario calado y repercusión, Churros con Chocolate.
Estas mentes, a las cuales les guardo un gran respeto, habían sido convocadas, más bien atraídas a un ritual extraño, la toma de una decisión.
La extraordinaria complejidad de la materia no hacia aptos a cualquiera, no sin duda no quisiera verme yo en la toma de esas decisiones, por ello agradecí a los dioses que no me hubieran llamado a la convocatoria y simplemente fuera un mero espectador.
Para meternos en esta historia se ha de hacer un poco de narración, breves y anteriores acontecimientos llevaron a la apertura de un lugar en donde cierto tipo de personas, por su condición de la edad, son invitadas a un acto de difícil categoría, un desayuno.
La herramienta del marketing denominó el acto como “Desayuno” en el que se hará entrega de unos churros con chocolate.
Si ya sé que debería decir: en el Desayuno se servirán “Churros con chocolate” pero pido que se me dispense y pueda utilizar “se hará entrega” dado que el Churro y el Chocolate es como un premio que se da.
Volviendo entonces a la reunión, las mentes expertas en todo, los todólogos, comenzaron como toda reunión, plasmar las necesidades, la situación actual, la importancia del “Desayuno” y claro el centro de la Reunión, los Churros con Chocolate.
Del comienzo del debate poco se podría decir, comprar churros y chocolate para servirlo en un lugar, pero la complicación de la materia hizo aparición ¿Dónde comprar los churros?
No es decisión sencilla saber quien es el proveedor de servicios o productos, tampoco es fácil saber si los reunidos se encontraban ante un mero acto de compra de servicio o producto, no solo esto ¿Cuántos condicionamientos legales debían de ser aplicados a la compra?
Si es cierto, me he guardado un pequeño dato, el responsable del pago no estaba presente en la reunión, por lo que no había constancia del presupuesto ni la forma de pago.
Dato necesario el anterior porque sin presupuesto y aprobación del mismo y claro capacidad de pago no tenia sentido una Reunión de tan alta repercusión.
Sin embargo, los llamados a la Reunión en el trascurso de toda una jornada tomaron decisiones trascendentales. No sin duda el numero de churros a entregar no era materia cualquiera y mucho menos el número de churros por persona, o sea el numero de churros que se entregarían a los asistentes al evento.
Establecer una formula de cantidad de churros adquiridos entre personas asistentes y mantener la eficiencia, así como la eficacia, esto es, ningún churro desperdiciado era todo un sentir que aunaba a las mentes pensantes.
Tras debates tales como ¿Cuántos churros se pueden comer por ser humano? ¿Cuál es el estado de hambre del ser humano a las 10 de la mañana? ¿puede tener el churro contraindicaciones con algún medicamento? Y una larga lista de posibles preguntas y respuestas, se llego a la conclusión: un churro por persona.
Si, hace rato no hablo del chocolate, pero es que este no apareció en la Reunión hasta bien pasada la mañana y como lluvia no deseada llevo a la conclusión del acto en donde valientemente las mejores mentes pensantes decidieron que una de ellas llevaría los churros hechos en su casa y el chocolate seria debate para otra reunión.
“En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que los asuntos humanos eran observados aguda y atentamente por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de sus cosas eran estudiados quizá tan a fondo como el sabio estudia a través del microscopio las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua”.
“La Guerra de los Mundos, H.G. Wells”
PD: nunca asistas a una reunión sin el Orden del Dia anteriormente comunicado.






