Lo prometido es deuda y llego el fin de semana en el que prometía aburrirme en ese experimento de dejar que el tedio me invadiera y así poder sentir esa sensación de las horas pasar.
He de admitir que siempre he huido del aburrimiento y también creo que no he sabido bien que era aburrirse nunca, o he tenido algo que hacer o lo he inventado pero nunca he sentido esa sensación de aburrimiento y aunque he conocido situaciones y personas realmente aburridas siempre he sabido convertir todo esto en lo contrario al aburrimiento, de ahí que sorprendido leyera el otro día que era bueno aburrirse y por ello el experimento.
En la sucesión o alternancia del bien y del mal, las cosas buenas y cosas malas, que supongo que ha todos los mortales nos pasan experimentar el aburrimiento debe ser algo que se ha de afrontar y siempre hay una primera vez.
Por ello me planteaba la posibilidad de aburrirme por el hecho de aburrirme, lograr aburrirme, un largo fin de semana como ha sido el que he vivido, puente de nuevo volver a la semana, que prometió ser corta para en un instante envolvernos con las Navidades.
Para no aburrir relato mi experimento.
Día uno. No me aburro. Comienza el sábado dispuesto, asumiendo que debo aburrirme, caer en el sopor mas cierto y sincero producido por la inacción, imposible, siempre en el último instante o un paseo por el campo, un colocar esto o lo otro en algún sitio, una lavadora que poner, un nuevo proyecto en PowerPoint de algo que no se va a realizar jamás pero que entretiene la mente divergente y que divaga en su soledad, frenazo a todo esto, hay que aburrirse, pero pregunta que me asalta en este terrible tiempo, ¿que es el aburrimiento? Pues ni yo mismo llego a saberlo porque después de todos estos años lo he erradicado de mi vida, por lo tanto, sin saberlo ¿Cómo puedo sentirlo? Lucha de mi ser de que es primero la emoción o el pensamiento así que pensemos que es el aburrimiento conociéndolo.
El aburrimiento pensé que era la no acción así que dejé de hacer y esperé.
Nada, que no pasa nada, que no sé si me aburro, pero que me doy cuenta que mi casa esta llena de cosas que me llaman para una actividad febril, aparatos y sistemas que incentivan la actividad, móviles que suenan poco ya, pasaron las épocas del snoido constante pero ahí están, WhatsApp inconstante que de vez en cuando llama mi atención, emails saltarines, llamadas no buscadas que se vierten todas ellas al sistema de mensajería, invento este último colosal, imposible encontrar un lugar donde aburrirse en casa, al menos en la mía, por ello, salí de casa.
Vuelta y búsqueda de un lugar sin interactuación del medio externo, eran ya las tantas,
no me acuerdo, pasó el sábado, no me aburrí, esperé que el domingo fuera un día aburrido, esperé.
Día dos, Domingo. Aburrirse. Dice la wikipedia que aburrirse es: “El aburrimiento es un estado reactivo de la emoción que interpreta la condición de su ambiente como bastante aburrido debido a los estímulos repetitivos, inexistentes o tediosos”.
Ergo había que hacer algo, no dejar de hacer, hacer algo repetitivo, tedioso, perfecto, comencé con algo repetitivo, colocar y recolocar el gimnasio de la planta de arriba, eso que desde que empezó la pandemia he ido colocando y recolocando en un intento por tener un lugar donde practicar algo de ejercicio.
Los primeros logros de algo aburrido me parecen que comienzan a dar resultados, siento que me aburro, me aburre apretar tuercas y algo aun más aburrido, hablar del aburrimiento, Abandono el experimento, ¿tan acostumbrado estoy a la necesidad de hacer algo que me reporte una actividad que no sea ni repetitiva ni tediosa? Parece que si.






