Para aquel al que el termino latino no le suene, “festina lente” viene a ser un “Apresúrate despacio” o vulgarmente “vísteme despacio” dicen que era una de las frases favoritas del emperador Augusto, según el historiador Seutonio, pero con lo de las frases favoritas estamos como ahora, cuantas frases se atribuyen al famoso escritor Coelho y no ha dicho ninguna de ellas, en fin, también se conoce esta frase o esta forma a Fabio Máximo, general romano que traía de los nervios al gran Anibal, dado que Fabio, perdón por el tuteo, gran general, aplazaba todo encuentro bélico contra Anibal, digamos que dejaba para mañana la gran batalla decisiva, lo que desesperaba a Anibal, quien quería terminar de una vez la confrontación, pero Fabio sabia que no era el momento adecuado y llevaba a Anibal a su terreno ¿Entendían a Fabio los romanos? Si ¿Era una gran estrategia la de Fabio? Con el tiempo se demostró que sí, Roma no podía entrar en una confrontación directa contra Anibal y aplazando esta lograba resistir y prepararse para el momento adecuado.
Con el “Festina Lente” en la mente y un fin de semana por medio me ha dado por esta reflexión. Hay una palabreja que se ha ido colando en nuestros días, es bastante impronunciable y su significado es demoníaco, dicha palabreja es “procrastinar”.
Esta palabra nos ha traído que hay que intervenir en todo sin medida, no dejando espacio a que los acontecimientos se desarrollen solos, de ahí que hay una obligación necesaria a la intervención.
No podemos dejar nada para mañana y muy posiblemente nuestra intervención lo único que hace es perjudicar la situación que se hubiera desarrollado de diferente forma, existe un enfermizo estado de intervencionismo en todo que se vende en la evitación de la postergación y que es hoy en día cuando más evidente se hace cuando se denota cuando no existen medios para afrontar las demandas de nuestros agotados sistemas, ya sean estos económicos, existenciales, asistenciales y así un largo et cetera.
En este fin de semana, se me ocurrió escribir a mi San Google bendito, que estas en casi todas las partes, la fastidiosa palabreja y obtuve la respuesta, procrastinar es pecado, se paga con la enfermedad y la marca social.
Fruto de mi reflexión basada en el hecho de la imposibilidad de medios, como le ocurría a Fabio Máximo, recordando que se ganó el sobrenombre de “cunctator”, el que retrasa ¿es pecado retrasar lo inevitable? ¿debemos rechazar el intervencionismo? Creo que sin duda es necesario dejar para mañana algo que nos lleva al desastre, pero, es más, es una obligación dejar para otro momento aquello que nuestra propia naturaleza nos está diciendo que pospongamos.
Creo que llevo un año queriendo llevar adelante un proyecto que lo llamo “desaprender” tiene su propia web https://desaprender.eu/ por unas cosas y otras ha ido tomando diferentes caminos, el propio proyectos se ha ido posponiendo, creo que me ha ido diciendo que es tan abierto que no quiere concretarse en nada.
El objetivo es que hay que desarrollar nuevas herramientas para comenzar de nuevo, todo este proyecto fue anterior a la época de la pandemia ¿esta ahora de actualidad el mismo? Creo que sí, pero pienso que como ahora mismo aun estamos desaprendiendo de lo anterior y ni siquiera eso nos vale.
¿Es un proyecto que se ha sumido en la procrastinación? Pienso que no, es un proyecto que ha entrado en un bucle en si mismo, siempre se aprende y desaprende, por lo que tal vez nunca hay un momento de entrar en él, desde luego yo no estoy en la circunstancia para afrontarlo y como proyecto se comió recursos económicos y humanos, por lo tanto, sigue en una nube pospuesto esperando.
Retrasar no significa tener una mente insana, ni tener pereza, al contrario, supone permitirse otras posibles opciones que en ese momento no están disponibles. Vuelvo al Ejemplo de Fabio Máximo, no iba a una batalla que supondría la muerte de todos sus soldados, sino que iba a una guerra de guerrillas impropia del ejercito romano, pero necesaria en ese momento. Retrasaba la batalla fina, por supuesto, pero había que ser un imbécil enfrentándose con Anibal en la plenitud de su fuerza, bien, ahora se nos pide en la mayor de las ocasiones que nos enfrentemos a multitud de situaciones que son, comparadas, Anibal y nosotros Fabio.
Es ahora estando las cosas como están que debemos de analizar si es el momento de retrasar lo que íbamos a hacer mañana, seamos sinceros, en la mayoría de las veces no ocurre nada. Es espectacular el cruce de la frontera del “plazo”, del “que dirán”, “del vencimiento anticipado” y así multitud de acontecimientos que ocurren mañana.
¿Cuántos gabinetes de crisis del mañana en los cuales me he tenido que reunir y ahora reír? Tras ya no me acuerdo muchos años de vida personal y profesional has sido cientos de gabinetes de crisis y todos ellos pasan a ser anécdotas.
El “plazo” es una palabra que carece de sentido cuando impera la circunstancia reinante.
En esta reflexión de fin de semana, en que la misma comienza, veo que algunas cosas se van a posponer y no pasa nada.






