Escribir dicen que calma las almas perdidas, bueno, creo que esa frase me la acabo de inventar para poder empezar a rellenar la temida hoja en blanco y comenzar con algo más cercano a lo que escribo hoy. Realmente es una reflexión ahora que estoy en el despacho y tras un día como el de ayer que baje a Madrid. Cuando bajo o bien es para ver a algún cliente que aun es receloso a la videoconferencia o bien es para andar de compras y visitas a exposiciones y museos.
Sin embargo, hoy leía, Alexa me leía, desde que descubrí que el asistente virtual puede leer tus libros de tu biblioteca de Amazon, he dejado que la voz, ya más humana de Alexa lea los muchos libros que he ido comprando y a veces por no tener tiempo me ha sido imposible terminar de leer.
El libro en cuestión, “lo imprevisible” de Marta Garcia Aller, que si bien aborda un tema que me atrae cada vez más y del que ya escribiré algo, concretamente hoy Alexa me leía una interesante teoría de Sicología clínica en la que una buena doctora recomendaba “aburrirse”.
Sorpresa total, en todos mis años, muchos, no hubo momento para el aburrimiento, llenaba el hueco existencial con actividad y actividad, la mal llamada “era de a hiperproductividad” me ha ido comiendo la cabeza hasta ver el aburrimiento como algo negativo y sin embargo tras oír a Alexa en esta lectura de esta mañana andando por el gélido paseo matinal, hoy seis grados bajo cero, y con más ganas de saber del “aburrimiento positivo” busqué referencias que en resumen me han llevado hasta Sandi Mann, autora del libro “El arte de aburrirse” que nos viene a decir que hemos perdido la capacidad de tolerar la repetición y la rutina de la vida cotidiana, sostiene que el aburrimiento es un catalizador para la creatividad.
Entonces con todo lo que nos esta pasando, pandemias, cambio de formas de ver el mundo, negocios que se van, una vida ordenada que entra en el caos, necesitamos más aburrimiento.
Prometo que este fin de semana en vez de montar la nueva red en malla me voy a aburrir, no colocaré la torre multifuncional para entrenamiento y dejaré pasar las horas aburrido, prometo contar mi experimento, casi como un niño pequeño quiero decir si alguien me llama, estoy aburrido.
Me ha gustado unas frases que me leía Alexa, “que pasaba cuando éramos pequeños y en los viajes de entonces cuando no había wifi en el coche, ni Netflix, nos aburríamos como ostras, (un Madrid Alicante podía demorarse mas de ocho horas), ¿Qué hacían nuestros padres? Pues dejar que nos aburriésemos y no pasaba nada”. El sábado prometo aburrirme, pero eso sí, me niego a ser un aburrido.






